Discurso Canciller de Costa Rica en la Conferencia de Naciones Unidas para negociar un instrumento que prohíba el uso de armas nucleares

Publicado el 27/03/2017 11:30 AM

Nueva York, 27 de marzo de 2017. Han transcurrido más de  siete décadas desde que cayó la primera bomba atómica sobre Hiroshima y tres días después sobre Nagasaki. Se inició con ello la carrera armamentista y lo que conocemos como “la era nuclear”. Antes de 1945 el planeta estaba libre de estas armas, hoy se estima que existen más de 15.000 ojivas nucleares, capaces de arrasar varias veces con toda la vida en el planeta, de las cuales unas 1500 están en alta alerta y pueden ser desplegadas en un lapso tan corto como 6 minutos. Bastarían tan solo 300 segundos para decidir sobre la vida de millones de personas.

En estos setenta años hemos estado muy cerca de una guerra nuclear. Desde la crisis de los misiles  en 1962 hasta casos como el de Stanislav Petrov en los ochentas, la humanidad ha vivido bajo la amenaza de las armas nucleares. La aniquilación nuclear es quizás la mayor amenaza que se cierne sobre el mundo, por lo que resulta lógico e imperativo que  hoy estemos reunidos para iniciar a escribir una nueva página en la historia del desarme nuclear. 

En 1972 proscribimos las armas biológicas. En 1993 prohibimos las armas químicas. Cuatro años después, en 1997,  hicimos lo mismo con las minas antipersonal y, en 2008 adoptamos una convención completa contra las municiones de racimo. Sin embargo, las armas nucleares, a pesar de ser las más devastadoras de todas, aún no están prohibidas. El proceso que hoy inicia tiene claro su derrotero: vamos a llenar el vacío legal existente y a dotar al derecho internacional de un capítulo que debió haberse escrito hace mucho tiempo. La historia nos demuestra que la prohibición siempre precedió la eliminación del arma, al prohibir las armas nucleares vamos a crear la norma que deslegitimará el desarrollo, la posesión y el uso de las bombas atómicas.

El instrumento jurídicamente vinculante que hoy comenzamos a redactar, no será  un fin en sí mismo. Será un elemento más dentro de los referidos al desarme nuclear  y  no proliferación. Deseo dejar claro, desde un inicio, que el tratado de prohibición no es una alternativa a ninguna otra convención existente sino un complemento. Por ello, reafirmo el compromiso de Costa Rica  con el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que cumplirá medio siglo el próximo año, y sigue siendo  fundamental para detener la proliferación horizontal de armas nucleares. En pocas semanas iniciaremos un nuevo ciclo en Viena, de cara a la Conferencia de Revisión de 2020 y abogaremos por el fortalecimiento de sus tres pilares, que deben ser robustos como los lados de un triángulo que se sustentan entre sí. Así como nadie podría imaginar un triángulo de dos segmentos no podemos concebir el TNP sin sus tres pilares.  En este sentido, abogamos vehementemente por el cumplimiento de los 13 pasos contenidos en  el documento final de la Conferencia de Revisión de 2000 para la implementación del artículo VI, muchos de ellos  todavía mantienen vigencia a pesar de que han transcurrido 17 años desde entonces.

No hay duda alguna de que el tratado de prohibición que comenzamos a concebir, nos complementará el artículo VI del TNP.  Por ello, mi delegación abogará por la inclusión de medidas de reforzamiento del TNP en el preámbulo y el cuerpo normativo de ese tratado.

En esta misma lógica de fortalecimiento de las medidas  en favor de la no proliferación y el desarme nuclear, hacemos un llamado para que los países que no han ratificado el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, lo hagan a la brevedad, principalmente aquellos cuya ratificación es esencial para que entre en vigor.  No podemos  olvidar  los efectos devastadores de los más de 2000 ensayos nucleares. 

Esta nueva página que hoy empezamos a escribir,  está dedicada a todas las personas que han sufrido los efectos del uso de la energía nuclear con fines bélicos: a  los hibakushas, a los llamados  “bebés medusa” que nacieron en las Islas Marshall, a todas aquellas personas víctimas de cáncer y otras enfermedades producto de la radiación en Semipalatinsk. Su dolor es también el nuestro, nuestra solidaridad  con todos ellos debe ser terreno fértil para asegurar en el futuro, cercano, que  esto no volverá a repetirse. Debemos asegurarle a todos los que habitamos este planeta que volveremos a estar libres de esa amenaza nuclear.

Tenemos una cita ineludible con el destino. La tarea inicia es de gran responsabilidad y de altas expectativas. Los ojos del mundo miran en este momento hacia Nueva York.   Hoy recordamos aquel 12 de junio de 1982 cuando un millón de personas se manifestaron en Central Park contra las armas nucleares. Hasta la fecha sigue siendo la mayor protesta que esta ciudad ha conocido. Este nuevo momentum del desarme nuclear inició el día que se adoptó el documento final de la Conferencia de Revisión de 2010 del TNP, cuando expresamos nuestra profunda preocupación por los efectos humanitarios del uso de las armas nucleares. Un año más tarde, los  33 Estados de América Latina y el Caribe, todos ellos Miembros del Tratado de Tlatelolco,  declararon en la Primera Comisión, que estaban listos para sumarse a los esfuerzos  de la Comunidad Internacional, dirigidos a  la negociación de  un instrumento jurídicamente vinculante que prohíba las armas nucleares. Esta fue una declaratoria de una región pionera en materia de no proliferación y desarme nuclear.  Dos años después, en el 2013,  esa declaratoria fue adoptada como resolución en el OPANAL, al mismo  tiempo que era  acogida por unanimidad,  en  declaraciones de cumbres presidenciales.

Hace tan solo 45 días conmemoramos, en la Ciudad de México, el 50 aniversario de la firma del Tratado de Tlatelolco y hoy,  esta región, que le dio al mundo la primera zona libre de armas nucleares, en un territorio densamente poblado, tiene la oportunidad histórica de iniciar el camino, junto a los otros Estados presentes,  hacia la prohibición de esas armas en todo el mundo.

En este nuevo momentum,  también se dieron las conferencias de 2013 y 2014 sobre el impacto humanitario de las armas nucleares en Noruega, México y Austria, las que  sirvieron para cambiar el enfoque sobre el tratamiento de las armas nucleares y colocar el impacto humanitario por encima de las doctrinas de seguridad. La última sesión del Grupo de Trabajo Abierto de la Asamblea General, para hacer avanzar las negociaciones multilaterales en material de desarme nuclear, recogió todas estas expectativas y conclusiones y recomendó la convocatoria de esta Conferencia que hoy nos reúne y a la que llegamos con un camino recorrido y uno aún mayor por transitar.

El desarme nuclear no es una tarea de solo cinco ni de nueve Estados. Es un deber de todos. Lo importante no es quiénes no están hoy acompañándonos, sino quienes hoy hemos dicho “presente”. Lo importante es dar el primer paso y sin parar dar los siguientes. En el transitar se  nos sumarán otros.

No  importa cuán largo y complejo sea el camino, LLEGAREMOS.  LLEGAREMOS,  con la voluntad de quienes saben que construyen faros en alta mar, de quienes abonan tierras estériles  una y mil veces para obtener la cosecha. LLEGAREMOS a ese lugar que conocieron nuestros abuelos y que por ello sabemos que es posible que lo hereden nuestros nietos: a un mundo libre de armas nucleares y que estas sean sólo un recuerdo, un paréntesis en las largas páginas de la historia.

Sr. Manuel A. González Sanz

Canciller de Costa Rica